Lo que aporto yo a ese entorno es software, y su parte más honesta es un descargador de vídeo que escribí para alimentar esas carpetas. Su restricción principal no la inventé: solo acepta vídeo H.264 (avc1) y audio AAC (mp4a), y rechaza expresamente VP9, AV1 y Opus. El motivo está escrito en el propio proyecto: en algunas instalaciones de Resolve esos formatos aparecen como Media Offline, que es la forma elegante que tiene un editor de decirte que el material no existe. Un descargador que baja la mejor calidad disponible es peor que uno que baja una calidad peor y la abre.
Encima se autoimpone un techo de 1080p a 30 fotogramas por segundo, y si el vídeo no tiene esa variante, baja la mejor calidad inferior en lugar de marcar el enlace como fallido. Es la misma lógica que el CRM cuando un enriquecimiento de datos no devuelve nada: la tarea tiene que terminar. Un lote de cien enlaces no se puede parar porque uno venga en 4K y no se pueda abrir.
Y está el argumento de fondo, el que da sentido a tener esta ficha aquí. El cloud se vende por comodidad, y para código, bases de datos pequeñas o picos de trabajo es la opción correcta: es lo que hago con los despliegues de mis servicios. Para material de vídeo es un impuesto, porque el volumen no baja nunca, el acceso es continuo y el tráfico de salida se cobra cada vez que alguien recupera lo suyo. Sé en qué casilla poner cada carga porque he visto los dos extremos: el servidor de inferencia de la ficha anterior y este almacén responden al mismo cálculo, hecho con dos cargas opuestas.